Oda a lo artificial

 

La obligada promesa arbórea “no me moveré de aquí”, mientras las piedras más jóvenes son pateadas por el capricho de un paso corto al fondo de una charca; a las nubes se les ha caído toda la literatura letra a letra, año tras año, mostrándose ahora sólo como vapor de agua triste y castrada, otrora más que estar allá arriba: hasta la retaguardia de un avión es capaz de hacerlo mejor. Oda a lo artificial cantan los angelitos.

 

Tierratrece