Con una carta

Una carta
de alguien que se marchó
son cien perros
siempre hambrientos
suplicando en los tímpanos;
quince copas al día
que, cansadas de ir
a ninguna parte
reposan etílicas
en el hígado,
empapando.

Con una carta
de alguien que se marcho
no importa la elección,
la leas o no,
será cavar hondo
hasta el vacío
desde que el gallo avisa.

Tierratrece